La importancia de la respiración

20 de mayo de 2025

|

Iñaki

Cuando hablamos de fijarnos en nuestro cuerpo para estar alerta a posibles recaídas en nuestras conductas compulsivas, existen varias formas de hacerlo, pero una de las principales es nuestra respiración.

La respiración es algo que siempre tenemos a nuestro alcance, pero en lo que realmente pocas veces reparamos. Aunque existen muchas técnicas de meditación, casi todas ellas, se centran, en hacernos conscientes de dicha respiración (o como mínimo una parte de dicha meditación).

Para ello, normalmente adoptamos una postura que sea cómoda y digna a la vez. No es necesario ni disponer de un cojín de meditación, ni de un banquito, ni nada parecido. Meditar es algo sencillo, al alcance de cualquiera. Se puede hacer simplemente en una silla, con la espalda recta y ligeramente separada del respaldo, haciéndonos conscientes de los puntos de apoyo de nuestro cuerpo con las superficies: los pies en contacto con el suelo, los glúteos en contacto con la silla.

postura digna y cómoda para meditar

Una vez tenemos la postura, podemos fijarnos simplemente, en cómo el aire entra y sale en nuestro cuerpo. Para ello, podemos escoger un punto de nuestro cuerpo, como anclaje. Por ejemplo: fijarnos en cómo se hincha y deshincha nuestro abdomen o nuestros pulmones, cada vez que inhalamos y exhalamos. O bien, en qué sensaciones tenemos en nuestras fosas nasales cada vez que entra y sale el aire, por ellas (la temperatura del aire, si la respiración es profunda o entrecortada, si noto un picor).

Otras técnicas son simplemente contar: inhalo y exhalo y cuento hasta 1, inhalo y exhalo y cuento hasta 2 y así hasta 10 y cuando acabo voy al revés, del 10 hacia atrás y cada vez que mi atención se va a otra cosa, la traigo de vuelta a la respiración, empezando a contar de nuevo desde 0.

En cualquiera de esos casos, lo importante no es la técnica, ni forzar nada, ni tratar de hacerlo perfecto.

Más bien, lo que tratamos es de hacernos conscientes de la respiración y fijarnos cada vez que la atención se va a otra cosa. Porque os aseguro que lo hará. Así funcionan todas las mentes. Y ese es el entrenamiento. Hacerme amigo de mi mente, ser curiosa/o, para aprender más sobre cómo funciona y ser amable cada vez que me voy y volver a la respiración tantas veces sea necesario, cada vez que me “de cuenta” de que mi mente se ha ido.

Mi mente se va. Pierdo contacto con la experiencia directa.

Ese “darse cuenta”, esa “amabilidad” y ese “ser curioso” son tres características del entrenamiento en Mindfulness que trabajamos cada vez que nos decidimos a meditar fijándonos en nuestra respiración y que nos servirán para cuando, en la vorágine del día a día, vea a mi mente irse y engancharse en pensamientos, emociones o sensaciones que me incomodan pueda decirme: “ esto lo conozco” “ es lo mismo que me ocurre cuando me siento a meditar” y pueda desde ahí, construir una respuesta diferente a la que daría estando en “piloto automático” (sin consciencia), que es cuando busco con rapidez desembarazarme de la sensación, pensamiento o sentimiento incómodo, mediante el uso de mi conducta compulsiva más recurrente.

Al tratarse de un entrenamiento, es más importante la constancia que lo cuantitativo. Es mejor, dedicar 10-15 minutos al día a la atención en la respiración, que dedicarme 2 horas un sábado por la mañana, pero no volver a practicar en toda la semana.

Si no disponemos de tiempo, dedicarle 3 minutos en momentos en los que esté alterad@, puede marcar una diferencia y alejarnos de esa conducta compulsiva, que tanto dolor nos causa cuando sucumbimos a ella.