Detonadores de la conducta adictiva

14 de mayo de 2025

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Iñaki

Una vez que sé, que la atención consciente se entrena y que es un antídoto muy potente para aprender a estar con las dificultades y no caer en conductas compulsivas, no está de más que profundice un poco en saber cuándo soy más propens@ a caer en ese tipo de conductas.

Normalmente tapamos ahí dónde duele y no queremos mirar, pero la “ignorancia” o la “dejación” no hacen más que llevarnos una y otra vez a aquellas situaciones de las que queremos huir.

Por eso es bueno que sepas cuando eres más vulnerable a caer en esa vorágine de la que quieres salir.

Lo primero a considerar es que esas situaciones pueden venir de factores externos o internos. Un factor externo sería pasar delante de una pastelería, ver un pastel que me hace salivar y acabar teniendo un atracón de pasteles. Un factor interno, puede ser producto de que estoy enfadad@ y quiera lidiar con ese malestar, dándome un atracón de pasteles. Muchas veces hay una interacción entre ambos factores: puedo haber tenido una discusión con un compañero de trabajo (externo), sentir rabia (interno), salir de la oficina, ver la pastelería y acabar dándome el gran atracón.

situaciones de riesgo me llevan a caminar por la cuerda floja. Peligro de recaída.

Después, hay 3 grandes situaciones de riesgo que me llevan a caer en conductas compulsivas:

Los estados mentales negativos (estados depresivos): generamos muchos más pensamientos negativos, que positivos, por lo que si no estamos pendientes de como interactuamos con los otros y con nosotros mismos (que nos decimos), fácilmente podemos irnos al “lado oscuro” y verlo todo de color negro. De ahí que parte del entrenamiento del Mindfulness ponga el foco en hacernos conscientes de pensamientos, emociones y sensaciones molestas, antes de que se hagan ingobernables.

Los conflictos interpersonales (discusiones): salirnos de nuestro centro, es otro de los grandes factores de riesgo. Cuando tengo una discusión acalorada con mi pareja, por ejemplo, me puedo ver dándole vueltas a lo que me dijo o lo que le dije, pasadas varias horas del desencuentro, cuando la experiencia del momento es otra y quizás me estoy perdiendo un atardecer precioso, por poner un ejemplo. Reconocer eso, soltarlo y tratar de volver a una emocionalidad de mayor harmonía y tranquilidad cada vez en menos tiempo, para no quedarme enganchad@ en la rumiación (darle vueltas todo el rato a lo mismo) , es otra de las herramientas que nos ofrece el Mindfulness.

conflicto interpersonal

Por último, la tercera situación de riesgo se da con la presión de grupo (unirse al club): es muy fácil sucumbir a una conducta compulsiva, alentado o arropado por el grupo, quienes nos pueden llevar a hacer cosas que no queríamos hacer inicialmente; quizás por timidez, no saber decir que no, miedo al rechazo, al qué dirán, etc.…

Conocerlas y afinar la atención cuando se están dado estas situaciones, nos ayudarán a mantenernos más en nuestro centro y no vernos arrastrados por los acontecimientos, cayendo una y otra vez en conductas compulsivas de las que nos cuesta salir y que nos producen enojo, frustración y malestar.