En el pasado post comentaba que la atención consciente se puede entrenar.
Efectivamente es así: el Mindfulness propone para ello tanto las prácticas formales, como las informales.
Como prácticas formales tenemos principalmente la meditación, aunque hay más, como puedan ser los ejercicios de movimientos conscientes que puede proponer el Yoga o el Chi kung. En este post me centraré en la meditación.
La meditación es un espacio para encontrarnos con nosotros mismos, para hacernos conscientes de lo que hay en cada momento sin juicios al respecto y sirve también, para bajar las revoluciones. Hay numerosas escuelas y métodos para meditar. Yo me he formado con la meditación Vipassana y con un tipo de meditación en el que primero te centras en la atención a tu respiración, después en las sensaciones de tu cuerpo y por último expandes a lo exterior: a cualquier emoción, pensamiento de tu mente o incluso a los sonidos de la sala en la que estés o del exterior.
Hay 2 elementos importantes a tener en cuenta: la amabilidad en el proceso, que consiste en no juzgarnos si lo estamos haciendo bien o mal; es poner amabilidad durante la meditación y si veo que me voy de la respiración y me veo pensando por ejemplo, en que tengo que hacer algo del trabajo o me veo planificando mis vacaciones de verano, con amabilidad regreso a la respiración o a mi cuerpo, tantas veces como sea necesario, sin juzgarme por haberme ido ( es lo normal, ya que es así como la mente funciona).
Otro elemento importante, es que no se trata de conseguir nada. Cada meditación es diferente y la experiencia asociada también. No es una competición para ser un gran meditador o conseguir la iluminación, sino que entrenamos el “darnos cuenta”, el “estar con lo que hay” o la “ compasión “ entre otras cosas y no es un método infalible para estar relajados y sentirnos bien. A veces esa será la experiencia y otras veces puede que me sienta agotad@ o muy agitad@ y también eso está bien, si los minutos que me siento a meditar me sirven para observar eso sin juicios asociados.

Sobre cuánto debemos meditar para que sea efectivo, diría que lo importante no es lo cuantitativo sino el crear un hábito nuevo en nuestras vidas. Es preferible dedicar 5 o 10 minutos al día, que hacer una meditación de 1 hora y media el sábado y ya no más en toda la semana. Yo intento meditar una media hora diaria.
No siempre lo consigo, pero intento que no sea menos de 4 o 5 veces por semana, pero la recomendación es que cada cual sabe cómo es su vida, cómo son sus bioritmos y escoger el momento tomando eso en consideración, por lo que no quiero influenciarte. Sí que recalcaría lo de crear un hábito como idea principal. Quizás empiezas con 5 minutos al día y luego te ves con ánimos de meditar más rato.
Para meditar no hace falta gran cosa: a veces nos puede tirar para atrás cuando vemos una sala con un “buda” en el centro, con pétalos de rosa por el suelo y personas vestidas con túnica meditando. No es necesario nada de eso. Se puede meditar sentado en una silla, en una habitación tranquila y con ropa cómoda. Hay gente que utiliza el “zafu” ( una especie de cojín) la esterilla, o un banquito.
Yo utilizo el banquito y la esterilla abajo para no hacerme daño en las rodillas, pero en ocasiones, cuando estoy fuera de vacaciones o en un lugar que no es mi casa, me siento en una silla y también eso está bien.
Por último, muchas personas meditan por su cuenta, pero quizás inicialmente sería interesante seguir a algún maestro que os pueda servir de guía en vuestros inicios. A mí me gusta escuchar los audios de Juan Manzanera por ejemplo, o también me gustan bastante las meditaciones de Fernando Torrijos, por citar a dos maestros que conozco, o los audios de la Asociación Española de Vipassana, entre otros recursos inagotables y gratuitos que seguro podrás explorar y te animo a ello.
También la escuela en la que me formé como Instructor de MBAR, “ Con Plena Conciencia” ofrece muchos recursos a los que podéis acceder entrando en su web.