Cómo me relaciono con mis pensamientos

3 de junio de 2025

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Iñaki

Cuando hablaba de la meditación, comentaba que hay muchas maneras de meditar, pero que muchas de las diferentes escuelas de meditación ponen el énfasis en que observemos nuestras sensaciones corporales, nuestras emociones y nuestros pensamientos.

Aunque cualquiera de nosotr@s es consciente de qué en su mente hay multitud de diálogos internos y de pensamientos, al parar, cuando meditamos, éstos se hacen más evidentes.

Por lo general, diversos estudios muestran la prevalencia de los pensamientos negativos sobre los pensamientos positivos.

Eso tiene una lógica desde el punto de vista de la supervivencia de la especie. Tenemos multitud de pensamientos negativos que vienen de nuestros ancestros, de los miedos que nos llevaban a ser cautos en aras de preservar la especie.

protegernos de lo desconocido

Si surgen más pensamientos negativos que positivos ¿qué ocurre cuando nos identificamos con dichos pensamientos? ¿Cuándo nos los creemos sin cuestionarlos? O ¿cuándo nos peleamos con ellos porque no nos gustan?

La respuesta casi siempre es que nos conduce al sufrimiento y lo peor de todo es que nos lleva a generar una interpretación de las cosas y de nosotros mismos distorsionada, que hace que tomemos decisiones fundamentadas en dichas interpretaciones, que nos puede llevar a tomar decisiones de las que luego podemos arrepentirnos.

Muchas veces esas decisiones, están movidas por el afán de alejarnos de ese malestar que nos generó ese pensamiento o ese cúmulo de pensamientos y pueden llevarnos a una recaída en el consumo de mi sustancia o conducta compulsiva favorita.

Por poner un ejemplo: comiéndome un helado, se me cae una bola de chocolate, en mi camisa favorita y me la mancha por completo. Si me ocurrió en el pasado, puede que me identifique con ser una persona “torpe”, a la que se le caen las cosas de las manos con frecuencia. En ese momento me pueden venir una serie de pensamientos del tipo: “soy un inútil” “estas cosas sólo me pasan a mí” “siempre igual”.

me creo mi pensamiento de que soy torpe

Si me aferro a esa serie de pensamientos y me los creo sin cuestionármelos, acabo creando una historia sobre quién soy yo, poco posibilitadora y casi inamovible. Soy alguien negado, incapaz, torpe y siempre será así.

Ese aferramiento no me deja ver, que probablemente me habré comido 50 helados sin que se me caiga nada en la camisa y únicamente en 1 ocasión de cada 50 me he manchado.

El protocolo MBAR, al hacernos parar y observar cómo nos relacionamos con nuestros pensamientos, pone una distancia con ese “identificarse” y nos permite comenzar a “soltar” y cuestionarnos ese pensamiento, que es el primer paso para dar una respuesta diferente a esa incomodidad que había aparecido al creernos sin cuestionar nuestros pensamientos y evitar por tanto, recaer en refugiarnos en nuestra sustancia o conducta compulsiva favorita, para evadirnos de la incomodidad que sentíamos.