En el camino que propone el protocolo MBAR para tener una vida más plena, en la que haya mayor bienestar, alejada de consumos problemáticos, ya sea de sustancias o de conductas compulsivas y que hemos ido viendo en post anteriores, nos encontramos 3 grandes obstáculos, que son los que pueden comprometer nuestra recuperación y si no los atendemos de la mejor manera, nos pueden llevar a una recaída.
Se trata de: la avidez, la aversión o rechazo y la ignorancia.
En éste post me centraré en el primero de los obstáculos. La avidez.
La avidez se puede entender como la obsesión con que las cosas sean de una determinada manera, como yo quiero que sean, generalmente. La avidez me lleva a la ilusión de ser yo quien controla la experiencia. Por tanto, si algo me gusta, me aferraré a querer mucho de eso, porque de lo contrario sufriré (o eso es lo que me digo a mi misma/o).
El desear algo no tiene porqué ser nada malo. Puedo desear el bien de todos los seres o que un familiar enfermo, se recupere de esa enfermedad. Lo problemático aquí es el aferramiento, el grado de ansiedad con el que deseamos algo. Perdemos perspectiva y nos lleva a sufrir y hacemos sufrir a otros.

Por seguir al hilo de los ejemplos anteriores: puedo desear que un familiar se recupere de una enfermedad y es algo totalmente legítimo y bueno, ahora bien, si lo deseo de una manera ansiosa y me absorbe ese deseo, puedo erróneamente ir más allá en mi interacción con ese deseo y aparecer por el hospital e increpar a los médicos porque creo que no están haciendo suficiente por su recuperación o puede que deje de dormir por la preocupación de que algo terrible le pase a esa persona a la que quiero.
Con esa actitud, no resolveré el problema de salud de mi familiar y además me generaré sufrimiento a mí y a los que me rodean, que pueden ver que estoy perdiendo los papeles y esa situación me está arrastrando.
Este mecanismo, es el mismo que puede aparecer ante el consumo de sustancias o conductas compulsivas.
Igual que está bien, desear a un ser querido, que se recupere de una enfermedad, también lo está, comerse un helado, tomar una cerveza haciendo el aperitivo con amigos o comprarme una raqueta en una página web de una tienda de deporte.
En estos 3 ejemplos, igual que antes, el problema surge, por esa ansiedad, esa inquietud, esa sensación de vacío y de no estar saciado/a haga lo que haga( aferramiento ), que me lleva, cuando me como ese helado, a luego querer comerme toda la heladería, o después de esa primera cerveza, a querer unas cuantas más y no contento/a, a comprarme un pack de 12 cervezas que querría beberme a solas en el comedor de mi casa o a entrar en la página web de esa tienda de deportes porque necesito una raqueta, pero acabar comprándome media tienda y quedándome en números rojos.

Si, tenemos esa tendencia natural, en vez de juzgarnos y castigarnos por ello, en primer lugar, debemos reconocer que ha aparecido esa avidez y debemos aprender a estar con ella y no reaccionar, responder desde un lugar diferente, que nos permita salir de ahí sin recurrir a la solución fácil, la de recaer en nuestro consumo compulsivo favorito.
Para darme cuenta de esa avidez, a mí me ayuda preguntarme a mí mismo, preguntas del tipo: ¿para qué? ¿Para qué entré en esa página web? ¿Para qué voy a comerme otro helado? ¿Acaso sigo teniendo hambre o se trata de ansiedad? Eso me permite poner una distancia, con ese primer impulso, que es muy potente.
Te animo a que cuando te encuentres ante una situación como ésta, busques aquellas preguntas que puedan servirte para darte cuenta de que está apareciendo esa avidez o “craving” cómo dicen los anglosajones.