Aunque el Mindfulness no es una religión y lo practican personas con diferentes creencias e incluso sin ningún tipo de creencias religiosas, tiene una base en sus orígenes, que proviene del Budismo. Medio en broma, medio en serio, he oído la expresión de “budismo para laicos”.
Pues bien, el budismo tiene 3 “marcas” que serían como los “pilares” sobre los que se sostiene. Está la impermanencia, la ayoidad o el no yo y la existencia de sufrimiento.
Me detengo en la impermanencia porque explorar sobre ella, me parece valioso y muy liberador. Así, por lo menos en mi caso en particular muchas veces me he dejado arrastrar por lo contrario, por pensar que nada cambia, que todo es inmutable y eso me ha hecho sentirme atrapado en una relación o en un trabajo, por poner un par de ejemplos y me ha generado insatisfacción, porque no veía cómo salir de ahí.
Sin embargo, la práctica del Mindfulness me ha llevado a dar la vuelta a la tortilla, al observar ciertas situaciones con más detenimiento.
No podemos negar que un día estamos perfectamente y al día siguiente nos levantamos con gripe o que hace 10 años teníamos el pelo oscuro y ahora canoso o se nos ha caído por el camino.

Por lo general, luchamos para que las cosas sean como queremos que sean, cuando nos parecen favorables o que dejen de ser como no queremos que sean, cuando nos son desfavorables.
Si nos han promocionado en nuestro trabajo y tenemos reconocimiento y un buen salario, queremos que eso siga siendo así siempre, pero si tenemos un dolor fuerte de muelas, queremos que pase lo antes posible.
Pero observado con un prisma más cercano, puede ser que mañana vendan la empresa en la que tan contento estoy y me quede sin trabajo, por lo que hay muchas circunstancias que quedan fuera de nuestra área de influencia y sólo podemos entrenarnos en aceptarlas tal y cómo vienen y darles espacio, para adaptarnos a ellas de la mejor manera.
Eso no es sinónimo de que no deba alegrarme de tener un buen trabajo o un buen salario o sentirme reconocido, pero sí de que me lleve a estar más abierto a la incertidumbre y si algo menos favorable aparece en mi vida, no signifique para mí una hecatombe y sea capaz de levantarme lo antes posible y encarar la nueva situación.
La observación o el estar atento a la impermanencia, me puede llevar a comprender que todas las situaciones, por dolorosas que sean, tienen el poder de transformarse en algo mejor, disminuyendo la ansiedad que comentaba que me atenazaba cuando me sentía atrapado en ciertas situaciones.

También puede llevarme a que, al saber que las cosas pueden transformarse en algo mejor, sea yo parte activa de esa transformación y eso me lleve a buscar otro enfoque para conectar con esa relación o ese trabajo que creía obsoleto o decidir cerrar una etapa si veo que ese trabajo o relación ya no me aporta gran cosa.
Por último, cómo me hago consciente de que las cosas también pueden transformarse en algo peor, cada vez soy más agradecido con lo que ya hay de bueno en mi vida, porque podría cambiar a peor en cualquier momento . Por todo ello, meditar sobre la impermanencia puede llevarnos a transformar nuestra perspectiva del mundo y aportarnos mayor paz, equilibrio y gratitud, lo cual trae mayor bienestar a nuestras vidas.